Enfoque pragmático. Una mujer es un noúmeno o un fenómeno –de vez en cuando y cuando quiere– que se queja porque le baja, no le baja o le dejó de bajar. Su arma de destrucción masiva depende del ejemplar, pudiendo ser un cruce de piernas no descubierto por Mendel o su sonrisa cuando es signo de puntuación. Es un ser que puede llorar por motivos que van desde el abandono de un hombre, hasta –peor aún– porque se le derramó el chocolate, quitaron las rebajas en el almacén de ropa o encontró huellas de zapatos masculinos en la baldosa que recién trapeó. Puede llegar a reír de dos formas; quedito: cuando a la amiga más linda se le dañaron las uñas recién pintadas, cuando olvida ponerse calzones, cuando se acabó el queso barato y tuvo que comprar el gourmet; expreso: cuando quiere enamorar a su víctima, cuando quiere que su víctima se enamore, cuando su propósito es ser victimaria de un enamoramiento. Aristóteles habría botado su Metafísica a la caneca de la basura del ágora si se hubiera molestado en ver cómo una mujer es excepción al principio de no contradicción; ella en definitiva es el bien y el mal, la vida y la muerte, una tragicomedia, su labio superior es el cielo y el inferior –el que generalmente se muerde– el infierno. Se dice que sus grandes decisiones de la vida están todas en un supermercado o en la repisa donde guarda sus zapatos. Los hombres homosexuales son una raza superior de seres inteligentes que han conocido la predicción científica de la mujer, y por eso han optado por aplicar a ella un tratamiento llamado ‘amiga’ –estado de la materia femenina–, en contraposición de las lesbianas, que son el demonio encarnado. Las putas son las mujeres más sinceras. Algunos expertos dicen que el infierno está hecho del incendio rojo de la boca de una mujer y que existe una relación causal entre el número de veces en que una mujer se cambia de ropa en la mañana y en que cambia de ánimo. El gran problema filosófico aún no resuelto y que precede el ‘quiénes somos y para dónde vamos’, es descifrar el significado de la respuesta femenina ‘nada’ ante la pregunta ‘qué te pasa’, se dice que Dios anda celoso porque los humanos se cuestionan más sobre ese tema que sobre Él; aún falta investigar por qué hay tan pocos ateos de las mujeres.
Enfoque epistémico. Explicación como argumento, basándose en Oppenheim: Yin y Yang. En el mundo hay claridad/mujer, sonido/mujer, frío/mujer, vida/mujer, peso/mujer, tranquilidad/mujer, osito-de-peluche/mujer, mujer/mujer.
Enfoque óntico. Explicación causal y teleológica:
- Causa material: Una mujer está compuesta por un baile delicioso de pestañitas en las que la noche se enredó, una fruta afrodisíaca bifurcada de pulpa roja, dos campanas de gauss –o como otros les llaman, las montañas que mueve la fe– , una misteriosa representación gráfica de curvas como pelo y cafeína, bastante cafeína.
- Causa formal: El demonio.
- Causa eficiente: “Y Dios vio que todo era bueno –y quiso que no fuera así y que su socio en el infierno participara un poco (texto suprimido)–, y tomó una costilla –si pueden, por fis, arrojen desde ya todas las costillas del mundo a la basura (texto suprimido)–, y creó lo que los exegetas cristianos llaman ‘puerta del demonio’”. Génesis, 1990.
- Causa final: No hay consenso entre los autores de talla internacional. Se rumora que es un capricho de las tostadas que no se quieren quemar. Ver: Explicación teleológica.
Explicación teleológica: “Y el demonio no pudiendo ser omnipresente, creó los captchas y una de sus armas para acabar con el mundo, en forma de una silueta que gana llorando, con pelo como extensión del viento y que no sabe parquear el carro”. Apocalipsis, 1990.
Conclusión: Una mujer no es ser, es un suceso en constante y misterioso cambio, que más vale adorar por su sonrisa, porque el chocolate se derrama, por la vida de los que venden ropa y kleenex, y porque sí.

(Fuente: keyboard-milk)