tácita en una tacita

De la fruta que cuelga de tu cara. Otra vez.

Al final de su rostro estaba la carne incendiada que confitaba mis pestañas, esa pulpa humeante que se desgarra en la bifurcación de una superficie perfectamente convexa para declamar poemas sin abrirse. Diluida con el vaho se desprende cayendo en mi cara, mi cara hecha de papel Fabriano -nadie entiende la certeza con la que una gota amenaza antes de rendirse-. Su boca de acuarela entonces cae sobre mi cara ensanchando una sonrisa que ya estaba dibujada [así la veo].  

Había escuchado canciones de nueve o dieciséis minutos, no de veintisiete años -miro la mancha de mi espejo y concluyo que mi vida podría reducirse a ahogar mi cabeza en el umbral de tu brazo adyacente para sentir tus micropascales haciéndole cosquillitas a mi pelo-, ni la lluvia se atreve a sonar exquisiteces tanto tiempo. Brotan unas cuantas consonantes y me transformo en pequeña tripulante al borde de tus espesos movimientos de boca, espesos que honran mi nombre como el pájaro muerto que es acariciado por un niño; no permitas que deje de existir si nazco bajo el jardín de tu carne incendiada [así la escucho].

El tiempo roza el filo de sus labios como el agua que pasa en vano por una piedra bien incrustada, para ese momento la historia del fuego estaba escrita en su carne incendiada, era el clima de su sonrisa perpendicular y caía como hilos de miel por una recta horizontal tejiendo los ríos que corrían por la superficie de mi cara. Unos milímetros más tarde soy hoja de otoño volviéndose a su tacto, mi palabra interrumpida se instala en el silencio de la luz como mariposa. Empieza a cambiar el clima de mi mano vacía [así la siento].

https://www.youtube.com/watch?v=c1npX5-CP0A

davidthe0ne preguntó: De dónde eres? Tengo tiempo leyéndote y siempre he tenido esa curiosidad. Saludos desde Tijuana Saludos Tu admirador

De Bogotá, Colombia. Saludos. :)

Mis 25 cosas favoritas.

 

25. El ceño fruncido de Clint Eastwood.

24. Cantarle a mi perro.

23. Olvidar mi sombrilla regresando a casa cuando llueve.

22. Pronunciar rápido la palabra “preparar”.

21. Los colores de las películas de Wes Anderson.

20. Inventar pasos mientras hago el desayuno.

19. Pasar el secador de pelo por mis brazos.

18. Ver que mi perro cierre los ojos cuando lo acaricio bajo las orejas.

17. Sentir que me ponen una cobija cuando estoy durmiendo.

16. Hacerme cosquillas con las puntas de mi pelo.

15. El olor de una toalla secándose.

14. Ver una película de Nouvelle Vague con vino tinto, baguette y salami.

13. Cerrar los ojos mientras hierve dentro de la cafetera.

12. El sonido de la aguja cayendo sobre el disco de vinilo.

11. La luz del sol de 5:30pm que entra en mi habitación.

10. Sentir que se me eriza la piel de las piernas.

9. Llorar viendo Drive.

8. El léxico de los libros de recetas.

7. Los atardeceres rosa-azul.

6. Recordar un momento con una canción.

5. Susurrar la palabra “fruto”.

4. Escuchar blues mientras llueve.

3. El sonido del chocolate cayendo en una taza.

2. Deslizar mis pies descalzos sobre una alfombra.

1. Tu sonrisa ladeada.


 

hidinshadows preguntó: Tú escribes todo esto? WOW!!

Sí. (:

Anónimo preguntó: Recuerdas quién fue el primero en decirte que te parecías a Sasha Grey? por cierto eres muy parecida a Sasha Grey

Jaja, Iván, un amigo. Lo tomo como cumplido, gracias.

Los brazos de la sombra

Los días pasan tan rápido como cerrar los ojos es noche cuando el negro se tropieza entre pestañas y abrirlos es la madrugada que extraña dormir bajo las cenizas que me aplastan porque tejen el silencio de un nombre sordo golpeando mi pecho sus fantasmas despertando a mi tacto sin sus carnes helando mi frente y haciendo proféticos mis ojos.

El abismo: pecado original

Por el umbral de mi memoria espera sentada la occisión de los bordes de su mano, qué plegarias buscaría para tocar el momento donde su piel se atreve a terminar. Eva lo supo antes de que Newton lo anunciara: la manzana cae y también hace caer, solo que el abismo es horizontal y está entre mis ojos y su tacto. Puedo ser manzana porque tiendo a derrumbarme hacia el abismo –su piel–, puedo ser la hoja seca que pisa quebrándole los huesos; en todo caso me vuelco y taño la paz de su agua en el estanque –deforme– y es tan fácil devolverme como se larga el suelo cuando no hay pies.

Miedo

Si es que el mar puede entrar gritando y envolver el viento en sus vaivenes, yo no puedo contener la fuerza de una gota que corta mis mejillas y pesa más que mi garganta. Ya no más inercia para sostener pulmones, ya no más espera a las horas que se vuelcan ciegas sobre los castillos de arena. Tumbo mi cuerpo enroscado y frío bajo la palabra [nadie sabe los pesares de la luna], aguardando a perforar la paz sobre la capa primera de agua y sus formas tan perfectas. Tumbo mi cuerpo donde ya no pueda verlo mientras las cenizas caen y la noche se enreda en mis pestañas, entiendo al sol y me siento en las montañas viendo pasar de lejos la sonrisa en sepia. Haces verdadera la distancia.

 

image

Cómo decir adiós sin irse

Irse no siempre es un acto de cobardía; quizá no hay más soberbia que creer que los escasos milímetros del ojo humano puedan abarcar la inmensidad de lo hermoso estando tan cerca. ¿Por qué cuando un objeto se acerca al ojo, proporcionalmente el cristalino se hace más grueso? ¿De qué busca protegerse? Podría acercarme a una flor y ver hasta el estigma, pero también podría dar mil pasos hacia atrás y enterarme de todas las especies, del baño dorado que las cubre, de los colores con sus nombres extraños y llorar; llorar y sonreír.  

 

Querida mía:

De nuevo te escribo porque me encuentro solo y porque me apena siempre tener que charlar contigo sin que lo sepas ni me oigas, ni puedas contestarme. Por más malo que sea tu retrato, me sirve perfectamente, y, ahora, comprendo por qué perfectamente, y por qué hasta las “lóbregas madonnas”, las más imperfectas imágenes de la Madre de Dios, podían encontrar celosos y hasta más numerosos admiradores que las imágenes buenas. En todo caso, ninguna de esas oscuras imágenes de madonna ha sido tan besada, ninguna ha sido mirada con tanta veneración y enternecimiento, ni adorada tanto como esta foto tuya, que si bien no es lóbrega, sí es sombría, y en modo alguno representa tu hermoso, encantador y “dulce” rostro que parece haber sido creado para los besos. Yo perfecciono lo que estamparon mal los rayos del sol y llego a la conclusión de que mi vista, por muy descuidada que esté por la luz del quinqué y el humo del tabaco, es capaz de representar imágenes no sólo en sueños, sino también en la realidad.

Te veo, siento, toda delante de mí, como de carne y hueso… el falso y vacío mundo se forma una idea superficial y equivocada de las personas. ¿Quién entre mis numerosos calumniadores y maldicientes enemigos me ha reprochado alguna vez valer para el papel de primer galán en cualquier teatro de segunda categoría? Pero es que soy así. Si esos canallas tuvieron siquiera una gota de sentido del humor, habrían garrapateado en el anverso “relaciones de producción y cambio” y en el reverso me habrían dibujado postrado a tus pies, “mire este dibujo y el otro”, rezaría la inscripción. Pero los canallas son tontos y seguirán siendo necios in secula seculorum.

La separación temporal es útil ya que la comunicación constante origina la apariencia de monotonía que lima la diferencia entre las cosas. Hasta las torres de cerca no parecen tan altas, mientras que las minucias de la vida diaria, al tropezar con ellas, crecen desmesuradamente. Lo mismo sucede con las pasiones: los hábitos consuetudinarios que, como resultado de la proximidad se apoderan del hombre por entero y toman forma de pasión, dejan de existir tan pronto desaparece del campo visual su objeto directo. Las pasiones profundas, que como resultado de la cercanía de su objetivo se convierten en hábitos consuetudinarios, crecen y recuperan su vigor bajo el mágico influjo de la ausencia.

Así es mi amor. Al punto que nos separa el espacio, me convenzo de que el tiempo le sirve a mi amor tan solo para lo que el sol y la lluvia le sirven a la planta: para que crezca. Mi amor por ti, cuando te encuentras lejos de mí, se presenta tal y como es en realidad: como un gigante; en él se concentra toda mi energía espiritual y todo el vigor de mis sentimientos.

Adiós, querida mía, te mando a ti y a nuestras hijas miles y miles de besos.

Tu Carlos”.

                                                        Carta de Carlos Marx a Jenny von Westphalen, 1856.

 

            image

Anónimo preguntó: Hola, tengo una duda, es el texto Amor platónico tuyo? Es decir, creo que es muy bueno, además contiene unas líneas; " Y fíjese que cuando sonríe se le forman unas comillas...", Las cuales muchos han atribuido a varios autores, solo es esa mi duda. Que estés bien!

Hola. Sí, tanto el escrito como la línea que señalas son míos. Es una lástima que haya sido objeto de plagio, de hecho registré hace un buen tiempo el cuento a mi nombre para evitar comentarios impropios al respecto. ¡Un abrazo!